Andrés Escobar, un recuerdo que lastima

Pasa el tiempo y la herida crece. Ya son 25 años de aquella fatídica noche en la que la intolerancia se llevaron a una excelente persona.’El Caballero del Fútbol’ aún vive entre nosotros.

Foto: GOL Caracol

Poco o nada hemos avanzado desde aquel entonces. La violencia en el país sigue siendo un detonante que parece nunca apagarse. Escobar fue un gran amigo, hijo y excepcional futbolista. Dentro y fuera de la cancha, todo un líder positivo. Modesto e inteligente.

El 2 de julio de 1994 es recordado como una de las fechas más triste del país. En aquella época, nos arrebataron más que la esperanza. Los ídolos, como las balas, caían sobre las calles. Andrés, pese a darnos solo alegrías, tuvo que irse en medio de un pueblo que todavía lo llora.

No solo la hinchada de Atlético Nacional pudo disfrutarlo. Su carisma ganó adeptos a los largo de su efímera carrera. La afición verdolaga lo vio campeón en dos oportunidades: 1991 y 1994. Se dice, que pocas semanas antes de su asesinato, negociaba su vinculación con el AC Milan.

Escobar era titular indiscutible en la Selección de Pacho Maturana. Para el Mundial de Estados Unidos 1994 el combinado patrio ingresaba a la competición con las ínfulas de ser uno de los candidatos. Incluso, Pelé dio a la Tricolor como el gran favorito a llevarse el preciado trofeo.

No obstante, aquellos comentarios terminaron por ser contraproducentes para los nuestros. El equipo no logró encontrarse y en su debut cayó ante Rumania. Días después, ante el anfitrión, un 2–1 en contra (con un autogol de Andrés Escobar) sellaría la eliminación.

Ante Suiza terminamos con victoria, pero ya la suerte estaba echada. Los ánimos, tras la Copa del Mundo, se pusieron calientes. La delegación de jugadores sufrió diferentes amenazas. Por el autogol, según cuentan, Andrés era uno de los mayores objetivos.

Al parecer un grupo de apostadores habría puesto precio por su cabeza. El 1 de julio de 1994, mientras departía en una discoteca de Medellín, recibió insultos de todo tipo. Los más hirientes, llegaron por parte de la cúpula que esa noche acompañaba a los hermanos Gallón. Reconocidos testaferros y mafiosos de aquella época.

Humberto Muñoz Castro, uno de los escoltas de los reconocidos personajes, lo alcanzó en el parqueadero y vació su arma sobre él, apagando así no solo los sueños de Andrés, sino los que también lo admiramos.

Donde quieras que estés, eterno número 2: ¡No te olvidamos!
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